domingo, 30 de junio de 2013

Oda a una pasión

Hace tiempo que todo lo que escribo es para vos y sobre vos, llegaste como musa a recaer en las palabras y los pensamientos del poeta. Donde quiero que terminen tus labios, es donde empiezan a emanar las palabras que hablan de ti.

Quizá mi pecado sea el carecer del léxico requerido para describir la mirada impetrante de tus ojos, es como si al mirarme reposaran y recorrieran toda mi alma, paseándose hasta por el último rinconcito de la misma, lo que el lienzo siente al ser acariciado por el pincel, es lo que siento en mi alma cuando tus ojos nadan en ella.

El insomnio es el aditivo de la pasión, solo que al unirlos no se forza la inspiración, esa la haces tú solita, basta que te muerdas el labio inferior cuando piensas o que quede cautivo en el juego entre tu mano y tu cabello, negro como la noche o como la soledad.

A veces te conviertes en la brisa de las noches, bailas con el viento y te llevas a las hojas de los árboles, los haces bailar a tu ritmo en tu espacio, encantándolos con tu aliento, cálido y reconfortante aunque sea pleno otoño, esa brisa que arrulla, la que vela por los buenos sueños en la noche.

También sabes ser café, caliente y humeante, en las mañanas definitivamente eres el café que brota de los granos tostados bañados en miel, una segunda energía, un nuevo aire al amanecer.

En el día eres como el sol, pues tu luz brilla por sobre todas las cosas, aunque alguna nube pueda amenazar con tormenta o inclusive con chispear, al menos el calor se hace presente, no es algo efímero, es una sensación que te resguarda durante el día, haciéndome recordar, que hay unos labios rojos que son mi deleite y me gusta admirar.

Sin embargo me gustas más como el viento de las noches, en tu forma de brisa, te ves más sutil y poco manejable, impredecible y alucinante, cuando tu consistencia está hecha del mismo material que están hechos los suspiros.


Si se cierran los ojos en una noche despejada, cuando todas las estrellas levantan el telón, se puede escuchar tu canción en el viento, para algunos pudiera sonar como un canto suicida, pero realmente es una melodía que trae nueva vida.


Azuré

domingo, 16 de junio de 2013

Misterios

Hay un silencio microscópico, es tan chiquito  que se pierde en las voces y en los sonidos ambientales, justo cuando ese silencio se posa entre nosotros es cuando más te hablo y más me hablas, es algo mínimo, tres quizá cuatro segundos, pues siempre hay algo que decir, sin embargo cuando me percato de ello, observo como con una delicadeza sublime ese silencio hace de las suyas, permitiendo con sutil vehemencia un intercambio de miradas.

De hecho es casi indistinguible, pues todo el tiempo las personas estamos viendo, siempre precavidos de lo que suscita a nuestro alrededor, incluso posar la vista sobre cualquier persona indeterminada, esos momentos esporádicos en los que simplemente ves un horizonte ficticio, dibujas una línea imaginaria cuando pierdes la vista con tus ojos, pensando.

Las miradas son distintas, las miradas nacen y existen por el silencio, parecieran intencionales, pero en realidad ellas escogen a las personas, les regalan esos cuatro segunditos que parecieran una eternidad en la cual las miradas hablan todo lo que no saben como pronunciar.

La característica que más la distinguiría sería que la vista se pierde cuando quieres perder el pensamiento, divagar, en cambio la mirada siempre es de amor.

Dicen que tiende a ser incómodo, que es un momento en el cual ya no hay más que decir, siempre se ha hablado del silencio como un enemigo o un desencanto,  yo creo que se dice en esos momentos lo que el alma quiere exhalar. La voz no sabe como traducir ciertos lenguajes del alma. 

Una zona misteriosa, es un enigma casi tan grande como el de tus labios, pero realmente el misterio es lo que se dice, ¿Qué se dice?, será una necesidad, un cariño, una invitación, pudiera ser una infinidad de cosas, el misterio radica en la recepción. La mirada se emite, se envía, viaja y se recibe, puede ser entendida a la perfección o puede ser como un teléfono descompuesto. No existen muchos estudios de las miradas, la verdad no se necesitan. Hay lugares y zonas donde la labor intelectual contrario a la creencia popular, se tiene que dejar al corazón y no al común denominador.

Es una estructura, por eso los ojos son la ventana del alma.

¿Me preguntas por la risa? Bien, es algo distinto, la risa es el sonido del enamoramiento. ¿Que cómo lo sé? No lo sé, pero el querer que ella  no deje de reír debe ser indicio de eso ¿no?

Eso es obvio, nada se disfruta más que una buena sonrisa y si le sigue una carcajada descontrolada, mejor… Pudiera ser de las cosas más placenteras que hay, bueno  y si es de ella, es quizá la cosa más especial que te pueda regalar.  

El misterio descifrable de sus ojos, el enigma apañable de sus labios y la ternura de su risa.

Azuré

lunes, 3 de junio de 2013

Obviedades

A veces es bueno hablar de las obviedades, que te diga lo que es obvio o que discutamos lo que ambos sentimos y queremos, aunque eso sea obvio.
Es como decirte que me gustas, que me pareces linda y que tu personalidad es enigmática y tiene un efecto centrípeto en mi ser, decir que al verte mis pupilas se dilatan para poder concentrarse más en la belleza manifiesta que irradia de tu cuerpo.

Es una obviedad que la ausencia de mi mente en mi cuerpo es porque divago en el pensamiento, dibujándote, siempre con tu sonrisa, es adictiva e hipnótica, pasar el día pensando en cómo hacerte mostrarla o causar una que otra carcajada, más que una estrategia para intentar conquistarte, es con un fin más egoísta pues encuentro placer en tu sonrisa.

Hablar de obviedades es hablar de ti, porque es obvio que incluso en indirectas me refiero a ti, que cada vez que late mi corazón es una manera de pedirme que no pierda más mi tiempo, que es obvio que late a un ritmo acelerado por ti.

Es necesario decirlas pues aunque sean obvias, no siempre son deducibles, incluso el mensaje puede despertar la duda. Las obviedades solo tienen un enemigo que es la duda, pues en la duda se encuentra el único elemento capaz de robarle la esencia a lo que es obvio, incluso cuando lo obvio es algo tan claro como el amor.

La duda hace el mismo efecto que dos imanes con los polos iguales, repele, repele el amor, las obviedades y a veces las ganas de quererlo intentar, por ello no seas ingrata y ante un corazón que no titubea en sus ganas de quererte enamorar, sé más obvia con tus obviedades y si fuese necesario bofetéame para hacer que me dé cuenta de que lo que haces no son mas que obviedades en un intento desesperado de hacer que éste corazón ansioso, comience a quererte.


Hay una perfecta simetría entre tus ojos y labios, sin embargo hay un espacio perfecto y basto para que lo estropee con mis labios. Más que mi pensamiento, mi ilusión o mi anhelo, eres mi obviedad, porque a pesar del confort que siento a tu lado, a la vez algo vulnerable, porque como obviedad, es obvio que te quiero.


Azuré

sábado, 1 de junio de 2013

Temporada de Mariposas

No existe tal cosa, una vez yo les seguí el rastro, las busqué y las busqué, hice su recorrido y viaje hasta los confines del mundo.

No hay temporada de mariposas, no se mueven por el tiempo, ni por la temperatura, ellas viajan atraídas por algo distinto, igual que las sendas de los ríos y manantiales que van hacia el mar, la mariposa va hacía el hombre.

Son animales instintivos y como tales buscan como prioridad la supervivencia, dicen que vienen de orugas y hacen capullos para al final volar como mariposas, regresando a su origen que es el hombre.

Todo nace como una intensión, una pequeña oruguita que se arrastra tratando de alimentarse de hojas y viendo donde pudiera colgarse, de igual manera va el hombre buscando alguien a quien amar, lo que es para la oruguita el alimento para desarrollarse y crecer es un alimento emocional para el hombre para desarrollarse y crecer.

Encuentra la oruga un tallo resistente, buenos cimientos algo en lo que aspiró a colgarse y hacer su pequeño capullo, una base donde pudiera desarrollarse y crecer. Busca el hombre una persona con buenos cimientos, aspiraciones similares, sueños, deseos y pasiones, ese es el verdadero material de los capullos, no la seda.

Pasa por los tiempos difíciles de la incertidumbre y el miedo, pasa por la tempestad y por el sol, ante los depredadores y los envidiosos que le quieren derribar, no todos llegan a ser mariposa, no todas las relaciones potenciales se materializan, algunas mueren incluso antes del beso, ¿Qué tan bien buscó la planta la oruguita? ¿Qué tanto comió? y ¿Qué tan bien se arraigo en la planta?, serán los factores determinantes para obtener una mariposa.

Al final, batiendo sus hermosas alas alza vuelo una mariposa, revoloteando por los cielos, planeando en el viento y justo en ese momento llega el primer beso, lo logró el hombre encontró a quien amar, encontró la entrega que buscaba, con cariño desinteresado de lo accesorio, solo con la primicia de poder amar, gozando tal sensación, ¿De qué sirve vivir si no se ama?, uno se vuelve inútil cuando pierde la característica distintiva por excelencia del ser humano.

No existen las temporadas de mariposa, no hay un momento particular, ni un período en específico cuando comienzan a existir. Ellas alzan el vuelo y regresan a su origen. El amor, la mariposa es la representación del amor, más que los sentimientos que derivan del mismo,  el amor crea pequeños seres volátiles.


En realidad no existe temporada de mariposas, al terminar el proceso de desarrollo, al igual que el amor se manifiestan. No existe temporada de mariposas, ellas llegan cuando se meten en el estómago de las personas, por eso se les ve así, por eso vuelan tan graciosamente, cuando se dice que emigran a otra localidad, en realidad acaban de salir del capullo y  una relación se acaba de realizar, por ello vuelan a su origen, a su centro, a su punto de partida y motivo de existir, a estómago de las personas. Cuando estés enamorado y sientas mariposas en el estómago, tómate una radiografía y verás que no miento, que lo acabo de hacer.



Azuré

lunes, 27 de mayo de 2013

Te has robado mi sueño

He dejado la cafeína y sin embargo he pasado noches despierto, en vela,  girando en mi cama buscando el ángulo que me permita conciliar el sueño.

Abro y cierro la persiana de mi ventana para ver si la luna se anima a mostrarme tu reflejo o al menos espero a que las estrellas que brillan allá arriba y que todo lo ven y lo escuchan, me digan que piensas o de que les hablas, con la ilusión que me digan que es de mi.

Esto no es un insomnio porque no es enfermedad, es sencillamente que carezco de ganas de dormir porque en pasar la noche despierto queriendo saber más de ti, encuentro más descanso que en las tierras de Morfeo.

Las nubes se cuelan por mi ventana pues siempre dejo un cachito abierto para que el canto de las hadas me ayude a dormir. Que no ves que te has robado mi sueño ! Mi corazón te lo habías llevado ya de manera furtiva, silenciosa sin que me diera cuenta y ahora mi sueño, manteniéndome despierto, extrañándote.

Al final caigo en sueño y para mi fortuna vos estás ahí, ahora entiendo porque lo has querido robar...


Azuré

domingo, 19 de mayo de 2013

Estaciones


Cuatro estaciones tenemos cada año que consigo traen diferentes lecciones de amor, pues si el mundo gira en torno nuestro y nosotros somos el amor, la vida brinda cuatro estaciones con características particulares. Cada año suceden de manera diferente a la anterior, por lo cual inadvertidos, permitimos que brinden calor, frío y soledad a nuestro corazón.

Recuerdo aquella primavera en la que creí que había amado, fue cálida como la sangre que corría por mis venas o como un abrazo materno, despertando en mi toda clase de sensaciones pasionales con respecto al mundo, mi profesión y mi pasión por inventar historias con la expectativa de algún día poder vivir el amor del que hablo y que describo con tanta devoción.

Las flores, florecieron como nunca, era un desfile de colores el que reposaba en mis pupilas, deleitándonos con su aroma y adornado las manos de todas las enamoradas que recibieron un pequeño detalle de su pareja. No creo que haya algo más hermoso que ver a una mujer sonriendo con una flor en la mano, eso es un claro indicio de que alguien que le ama intenta hacerla sonreír, si la sonrisa se logra con una simple flor, cualquier hombre se puede considerar el más afortunado del mundo.

Yo estaba en Paris cuando vi cómo desde la punta de la Torre Eiffel brotaban cadenas de flores, de todos los tipos y fragancias exquisitas. Se hizo una colecta de flores, solo se aceptaban arrancadas ni de tienda ni de plástico, solo arrancadas y con dueña. Las flores tendrían que ser donadas por las enamoradas. Tardaron aproximadamente 36 horas en las cuales mimos de diferentes tamaños y gestos recolectaban las flores y subiéndose uno arriba de otro formando la famosa escalera de hombros las irían colgando desde la punta hasta el suelo. Los franceses regalaron a Estaods Unidos su máxima dama que era la estatua de la libertad, por ello ese día un soleado 25 de marzo del 2010 se reconoció que la Torre Eiffel era una dama y el punto de las flores era hacerle una linda falda de diversos colores.

Sin embargo, la primavera siempre ha sido indiferente para mi, no me causa ninguna alusión ni sensaciones en específico. Siempre me ha gustado dar la contra quizá mientras todos lo ven como un comienzo nuevo o como una nueva oportunidad para amar, para  mi no es más que otra etapa del año que tendrá que llegar y pasar, dejando lo nuevo o llevándose lo viejo.
En el verano del 2008, terminé de condenar las diversiones grupales veraniegas en meses de arduo trabajo bajo el sol, comenzó todo en el 2006, pero mis recuerdos más fuertes de aquella hecatombe de libertad fueron a partir del 2008. Mientras miraba por la ventana de mi cubículo las guerras de globos de agua y niños abriendo hidrantes de agua para tratar de sobrellevar 45 grados Celsius , yo redactaba demandas en la computadora que me fue asignada, imaginando que cada una de ellas era una historia que intentaba contar, en mi constante lucha de convertirme en escritor. Siempre he cuestionado mis tendencias a la vejez y el gran encanto que recae en mis pensamientos cuando recuerdo o pienso algún viejo que pasó por mi vida con su vestimenta siempre formal y anticuada usando pantalones incluso en pleno verano, con moño, reloj de bolsillo, chaleco debajo del saco y una resplandeciente sonrisa que marca sabiduría. Creo que mis tendencias derivan de la manera en la que se me forzó a madurar o crecer, a tratar de ver el mundo con ojos de adulto, algo que les resultó muy difícil de lograr pues Peter aún me visita en las noches acompañado de campanilla. Qué les puedo decir, mi niño interior aún no se quiere ir y aunque proyecte el compartimiento de un hombre en potencia, el 90 % del tiempo solo soy un niño.

Más que por el calor, no me agrada el verano porque fue el comienzo de la perdición de mi esencia y aunque adapté las nuevas modalidades siguiendo el pensamiento darwiniano de adaptación al cambio, aún juegan a las canicas en mi cabeza mi niño y sus colegas.

Al paso de varios meses me percaté de cómo la naturaleza brindaba un desfile más, pero éste era diferente, era un genocidio, algo brutal pero a la vez hermoso y revelador, era un desfile de las hojas de todos los árboles, hacían fila para suicidarse, saltaban de las ramas en las que vivieron toda su vida para abrir paso a las nuevas o quizá, huían como consecuencia del odio que presenciaban todos los días, de infidelidades, de maltratos, de todo lo que fuere ajeno y opuesto al amor, algo que no logro comprender del todo, estoy completamente convencido que somos seres del amor y no creer en él o en sus consecuencias e implicaciones, más que “hacernos más realistas o más fríos” nos hace más imbéciles al querer ir contra nuestra naturaleza que es amar, no odiar y las hojas durante la primavera y verano nos tratan de enseñar eso, ( por eso las vacaciones son en verano para practicar el amor) al ver sus intentos fallidos y algunas veces inútiles, se suicidan, debe ser horrible ser un tercero en un mundo tan violento y tan hostil, donde se esconden las personas para hacer el amor y la violencia sucede todos los días en la vía pública.

Me gusta el otoño porque detrás de la aparente decadencia de las hojas, flores y otras plantas, en realidad existe un gran acto de amor del mundo y de la naturaleza para los hombres, abriendo paso a nuevos miembros de la flora que intentarán una vez más despertar al ser humano y hacerle ver que amar es verdaderamente fácil, tan fácil como es para el árbol dejar que la ardilla duerma en sus troncos, en fin.  Me gusta el otoño por los mensajes de amor que trae.

Quizá la navidad sea blanca por la esperanza en un plano más profundo que por la nieve, quizá la nieve sea algo secundario o en realidad es la esperanza. En mi ciudad nunca hay blanca navidad, ¿Será porque no hay esperanza? O ¿Es más la desesperación y declive que la esperanza?, sigo respondiendo a esa pregunta que no, todos los días que no. Los creyentes somos mayoría pero guardamos la esperanza en nuestros corazones como semilla, las semillas se esconden bajo tierra durante el frío invierno para que florezca en la primavera con nuevas emociones, por ello cambiamos una blanca navidad por una primavera resplandeciente y hermosa, es algo sublime como las cuatro estaciones se influyen y afectan las unas a las otras y todo conectan en un círculo perfecto, de enseñanzas, de amor, de vida y de muerte. Al igual que las semillas, la esperanza también se cultiva y cuando florece, se va hasta que muere quien la porta, no necesariamente abandonando el mundo que habitamos sino dejando de creer, al igual que las hadas, ¿Será la esperanza el polvo de hadas? Un hombre con esperanza es capaz de volar.

Me gusta el invierno porque el frío hace que pueda tocar tu cuerpo, al menos en mi mente con caricias y abrazos, sintiendo que nos fundimos en un abrazo para darnos el calor que las sábanas y el chocolate caliente no nos pueden dar, aunque siempre he preferido el té, pero me agrada ese cliché del chocolate caliente en invierno.

A pesar de lo que me gusta y no me gusta de las estaciones del año, déjame decirte que mi estación favorita eres tú. Porque en ti encuentro las cuatro, sabes dar vida a lo que ha muerto en mi y sabes respirar libertad y amor, sabes hacer que florezca cualquier cosa en mi como la primavera.

Calientas mi sangre, mi cuerpo y mi corazón como la misma intensidad de los rayos del sol en pleno verano, haces que 45 grados Celsius parezca la temperatura habitual en el ártico, me gustas como el verano porque haces que la pasión de mi cuerpo brote como el sudor de mis poros.

Te llevas lo muerto o matas lo que sobra en mi como el otoño, para abrir paso a lo nuevo, a lo que viene, cosas más interesantes y de mayor trascendencia así uno se olvida fácilmente de todas las veces que casi amó y con tremendo ahínco las deja caer como hojas secas, en la espera de endurecerse durante el invierno para recibir con afecto la primavera emocional.

Tú haces blanca mi navidad pues en tus ojos, en tus dientes, en tu pecho, en tu cuerpo y en tu alma veo la blancura que a mi vida le falta y que ninguna estación u efeméride puede traer. En ti veo la esperanza y es lo único que quiero sostener en mis manos.

Mi estación del año favorita eres tú, pues en ti vivo las cuatro. Vivo en ti lo que quiero, lo que no sabía que quería y ahora quiero. Vivo en ti lo que no había escrito y quiero encontrar las palabras para describir. Vivo en ti, porque aparte de todo,  en esa universalidad que abarcas eres la estación que mejor tiene el clima.




 Azuré

domingo, 12 de mayo de 2013

Silueta


Yo tenía todo el amor del mundo en las palmas de mis manos, lo di todo y ahora tengo toda la esperanza del mundo en la palma de mis manos, pues me resigno a dejarlas vacías, vacío es sinónimo de tristeza y no me gusta sostener la tristeza.

Fue una destrucción sin igual, una verdadera hecatombe de sentimientos y autoestima, colapsó y se desvaneció como si hubiera sido absorbido por un hoyo negro y las sombras, las sombras que rondaban entre la mía y quienes me rodeaban hacían un juego enfermizo simulando caricias y compañía, pero ante la ausencia de la luz se desvanecía como una falsa amistad.

Me limité a inventar situaciones donde fuimos felices. Ja, dicen que solo de niño se puede inventar amigos imaginarios, bien de adulto se puede inventar escenas donde crees que eres feliz con otra persona, pero cuando se va te das cuenta de la inmensa miseria que ha devorado tu vida.

Las siluetas que se proyectaban en sus pupilas le recordaban a la inmensa soledad que sentía aún estando en compañía. Se llevó todo, no le dejó ni su ambición ni sus ganas de convertirse en lo que alguna vez quiso ser, solo le quedaban un puñado de sueños que no sabía como tejer.

Todas tus mentiras me las creí, o más que creérmelas me convencía de ellas, me sometía a lo que decías por el profundo amor que le tuve a tu silueta, al concepto que había creado de ti, pues tú carecías de toda virtud o de amor a mi, ese sometimiento a mi imaginación fue un autodestructor de tiempo.

Tomé todo lo que me dijiste cual veneno y recorrió mis venas, me intoxicó, dicen que fue como un hechizo en el cual yo no veía como poco a poco perdía mi esencia y se fortalecía la tuya, yo lo veo más como un masoquismo voluntario como remedio a la falta de amor, ¿Qué es el sexo sino eso?.

Mi esencia la de un amante enloquecido y embrutecido, con ahínco implacable de restaurar todo, incluso el mismo mal que yo me hacía con tal de que pudiera ver en tu cara esa sonrisa, no característica pues siempre estuviste distante como queriendo estar aquí pero a la vez recorriendo el cuerpo de diversos amantes imaginarios.

Tu esencia, sinceramente no la conozco pues todo el tiempo la inventé en cosas que quería que tuvieras o que eras incapaz de tener, como queriéndote inventar un potencial, tu esencia por deducción creo que es el antónimo de todas las virtudes que inventé que tenías, de todo  el amor que creí que irradiabas y de toda la devoción y fidelidad que creía que practicabas.

No se puede hablar del final del camino pues sigo andando, pero al final de esa brecha, nunca olvidaré ese extraño sentimiento de libertad, en el cual sentí nostalgia por mi prisión.



Azuré

jueves, 25 de abril de 2013

Juego de Manos


El abordó el camión y ella ya estaba allí. No se dirigieron la palabra, él se sentó atrás de ella. Ella posaba su mirada en la ventana para percibir en el reflejo el rostro de él.

Él divagaba en su mundo imaginario, cambiando la dirección de la órbita planetaria o componiendo canciones en su cabeza.
Cuando ella alzó su brazo y el reflejo de su reloj le dio en los ojos, él le miró  la nunca y pensó “que cabello tan hermoso, es negro igual que la soledad”.

Se quitó los audífonos para entablar una conversación con ella y en ese momento le escuchó tararear, Dios mío que sonido más placentero “que voz ha de tener” pensó, naturalmente que ante semejante sonido quedó completamente intimidado y así murió la idea de entablar una conversación con ella, sin embargo el deseo de escucharla hablar aún radicaba en su pecho “¿cómo la podré hacer hablar?” se preguntó.

Entraron más personas y eso motivó que hubiera cambios en el acomodo de pasajeros y no sé si lo que presencié fue el destino o mera casualidad… No la casualidad no existe, definitivamente fue el destino lo que ocasionó que él se sentara a su lado.

De una manera tímida y sigilosa ambos se pusieron los audífonos y no se voltearon a ver ni mucho menos se hablaron.

Hasta que acercándose a su destino, se armó de valor y tomó su mano, la sujeto con una sutileza inmensa para no maltratar tan delicada flor pero a la vez con una fuerza imbatible para que nunca se fuera.

Ella lo consintió y con una ternura casi maternal comenzó a acariciar su mano con su dedo pulgar que había quedado libre de esa pequeña prisión de amor. Irónicamente lo que contenía esa “pequeña prisión” pudo haber sido la historia de amor más hermosa del mundo y se las estaría contando si él no hubiera volado a España y ella a los Ángeles.

No se separaron sin antes disfrutar de esa unión de tacto soltando sus manos y sujetándolas, poniendo una encima de la otra, cambiando la forma de sujetarse, abriéndola y cerrándola como  si su mano quisiera morder la de ella o como si le intentara besar con su mano.

Llegaron a su destino, al aeropuerto internacional de Dulles donde él y ella se bajaron, con la mano derecha él llevaba su maleta y con la izquierda la mano de ella y ella de manera inversa.

Él cruzó la terminal B, ella la terminal C y antes de ser separados por los túneles de cada terminal la mano de ella hizo una última caricia de despedida, que se sintió como el beso de buenas noches después de dejarla en su casa o  como el tomar tus zapatos al salir de su cama para irte sin despertarla. Y él con su mano un poco sudada, la soltó.

No se voltearon a ver, tampoco se dijeron adiós.


Azuré