El camino se desvaneció, mis ojos
no vislumbraban luz alguna. La obscuridad acariciaba mis pasos y echaba raíces
en mis huellas. Corrí rápido, tan aprisa que no supe a dónde ni cómo llegué,
los pasos que me llevaron a ese lugar desaparecieron, me resultó imposible
caminar en reversa, estaba rodeado de barrancos, en ocasiones parecía que
levitaba inerte.
No sería la primera vez que pasa,
muchas veces he perdido el rumbo, pero nunca perdí la brújula. Los caminos
cambian y la decisión de cada paso marca la diferencia, no es malo retroceder,
es malo mantenerse quieto.
En nuestro andar repartimos
luces, lo mejor que tenemos a las personas que entran en nuestras vidas,
igualmente avanzamos gracias a los destellos de amor que ellos nos comparten. A
veces repartimos tanto de nosotros mismos que olvidamos quiénes somos y de qué
somos capaces.
Encontrar a un viejo amigo, una
antigua amante una experiencia vivida que regrese los recuerdos, es mirar
nuevamente la luz entregada, si la habías perdido, alumbrará tus pasos con
mayor intensidad, ya que ahora se sumará a las nuevas colectas que se han
sumado gracias al camino recorrido, la brújula es la voluntad del alma, perderla, es lo mismo que morir.
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